sábado, 23 de diciembre de 2017

Navidad en familia.

Este año, como todos los años, viajamos con Diogo a Chile para pasar la Navidad. Inicialmente habíamos pensado en pasarla con su familia en Río, pero luego él mismo me dijo que prefería pasarla en Chile, porque nosotros éramos más entretenidos para las fiestas.

Obviamente se me abrieron los ojos como platos porque ¿cómo es posible que un brasileño me venga a confesar que los chilenos somos más entretenidos? En general, los chilenos, encontramos que somos más fomes en comparación con los alegres cariocas. Pero la verdad, ahora que lo pienso, nosotros también tenemos nuestra "gracia".

La única Navidad que he pasado en Río ha sido también la Navidad más triste de mi vida. Recién había llegado a Brasil, no conocía a nadie, y gracias a Dios un alma caritativa se apiadó de mí y me invitó a su casa, porque si no habría estado sola y con el alma en pena. Pero digámoslo que, a pesar de la buena onda, pasé la Navidad entre un grupo de extraños. Intenté incluirme lo mejor que pude, pero no es lo mismo. 

Nunca será igual a estar junto a las personas que amo. Nunca será lo mismo si no puedo comer la cena preparada por mamá, ni las papas duquesas que mi hermana defiende tanto (porque a ella le encantan, y es la única ocasión en el año que las comemos religiosamente); abrir uno a uno los regalitos de mi abuela (detalles que ella piensa con tanto cariño), dármelas de elfo junto a mi hermana y empaquetar todos los regalos de la casa, decorar los arbolitos con mis hermanos...no hay nada que se le compare. Y fue tan triste darme cuenta que en una fecha tan especial estaba tan lejos de mi tierra y de mi gente que llegué a cuestionarme...¿en qué había estado pensando? ¿Cómo es que me había convencido que sería mejor dejarlo todo por lo desconocido?

Realmente fue todo muy triste, y me sentí más sola que nunca. Y desde entonces decidí que nunca más pasaría una Navidad lejos de los míos mientras me fuera posible tomar un avión y  regresar a casa. Y fue así hasta que me casé, y entonces todo cambia. Porque quienes eran tu familia pasan a ser "parientes", y entonces toca negociar con el esposo cuáles serán los planes para las fiestas.

Por suerte tengo un marido al que le encantan la palta y la marraqueta, y le gustan todas las tradiciones chilenas, y la comida de mi mamá y mi abuela, y jugar PlayStation con mis hermanos, y reírse de las tonteras de mi hermana, y una extraña adicción al jugo Watts de "Tuttifrutilla"...y así, total que ahora encuentra que las fiestas de fin de año son más entretenidas en Chile que en Brasil.

La verdad es que no tengo una opinión clara sobre qué es lo que nos hace más entretenidos, quizás nuestro Pan de Pascua sea más dulce, o nuestros villancicos más alegres, pero la verdad es que nos encanta pasar la Navidad en Chile y en familia.

jueves, 2 de marzo de 2017

Año nuevo carioca

¡Feliz año nuevo!

No se me extrañen, no me he vuelto loca (al menos eso creo). Lo que pasa es que el año no comienza en Río de Janeiro sino hasta después de Carnaval. Todos los años es lo mismo: el espíritu festivo se apodera de los cariocas en las vísperas de Navidad y no se va hasta una semana después de Carnaval, cuando hasta los más entusiastas tienen que asumir la realidad de que la temporada de fiestas ya ha terminado.

Parece increíble, pero es inútil tratar de hacer cualquier tipo de negocios durante diciembre, enero y febrero. A pesar de todos tus esfuerzos, simplemente no rendirá frutos. Antes me sentía sumamente frustrada al ver cómo la mayoría de mis alumnos desaparecían durante estos meses del año. Es que por mucho que les gusten las clases conmigo simplemente se van durante esta época. No hay energía suficiente para concentrarse en los asuntos serios como trabajar o estudiar...no. La cabeza, el cuerpo y el corazón están siendo poseídos por la "folia" (que traducido del portugués significa "jarana" y curiosamente su homófono en italiano "follia" significa "locura", ambas muy representativas--a mi parecer--del espíritu carnavalesco carioca).

Pues bien, en algún momento pensé "si no puedes contra ellos...¡úneteles!". Y quizás el primer año resultó más o menos bien, porque se trataba de una experiencia nueva. El segundo año el entusiasmo ya no fue el mismo...y a partir del tercer año...¡meh! Lamentablemente los valores que mis padres chilenos me inculcaron de responsabilidad y ética del trabajo me impiden disfrutar de estar ociosa por casi 3 meses al año y me indican que algo no está bien...¡hay que hacer algo! ¡hay que producir!

Y es así que durante estos cinco días de feriado me dediqué a estudiar, leer y preparar materiales para mis clases, también estratégicamente a sabiendas que post-carnaval el carioca se siente invadido por una mezcla de nostalgia por el verano y un sentimiento de culpa por haber dejado botados los estudios por tanto tiempo (como siempre les explico a mis alumnos: estudiar idiomas es como ir al gimnasio. Si dejas de entrenar por algunas semanas, cuando vuelves te cuesta y te duele todo el cuerpo. Cuando dejas de estudiar y practicar el idioma te cuesta volver a hablarlo y te duele la cabeza de tanto chicotear a las neuronas para que piensen en otra lengua).

Debo admitir que me da bastante envidia no poder relajarme y disfrutar del Carnaval igual a los cariocas. Pero, por otra parte, he aprendido que como Chilena Carioca tengo mi propia manera de ver y sentir esta fiesta. Tuve que aceptar que la idea de ir a los blocos (bandas en vivo que tocan en diferentes partes de la ciudad) y verme rodeada de una multitud de desconocidos sudorosos y mayoritariamente ebrios no es--para mi gusto--un panorama que me llame la atención. Si bien sí me gusta disfrazarme, me atrae mucho más la idea de aprovechar estos días para disfrutar de la tranquilidad e ir en dirección opuesta al gentío.

Total, aunque parezca súper nerd y amargado siento una gran satisfacción de poder decir ¡vaya que estos 5 días fueron súper productivos!