viernes, 5 de febrero de 2016

¡Ya llega el Carnaval!

Se acerca el carnaval y puedo sentirlo en el aire. Las paradas de autobuses exhiben imágenes de hermosas y sonrientes mujeres que posan en ademán de estar sambando vestidas en diminutos bikinis cubiertos de lentejuelas. Ivette Sangalo, la diva del axé, te regala entradas para el desfile en Sapucaí si compras en el supermercado Guanabara. Los vendedores ambulantes andan ofreciendo todo tipo de coloridos accesorios que en Chile sólo usaríamos en año nuevo ó en una fiesta de matrimonio (también conocido como "cotillón"). El gobierno brasilero, por su parte, ha lanzado fuertes campañas de "Si bebes, no conduzcas" y también "Deja que el condón entre a la fiesta". Y los evangélicos, como siempre, organizan sus retiros espirituales pues temen que sus hijos sean tentados en el "festival de la carne" y andan amenazando a la gente con la  inminente llegada del Maligno en todo su esplendor durante los próximos días.

Cuando pensamos en Río de Janeiro una de las primeras ideas que se nos viene a la mente es la imagen del carnaval. Mujeres semi-desnudas bailando incesante y frenéticamente, grandes y ostentosos carros alegóricos y una alegre multitud invadiendo las calles de la ciudad. Técnicamente el Carnaval celebra el día antes del Miércoles de Cenizas, en que se da inicio a la Cuaresma (para los no-entendidos, corresponde a 40 días antes de la Pascua de Resurrección). La cuaresma se supone que debe ser un tiempo de reflexión y austeridad en que nos preparamos para recibir a Cristo resucitado. Por eso, los cariocas se preparan tirando "toda la carne a la parrilla", esto es, exponiendo sus cuerpos y sus almas a los placeres del pecado hasta hartarse, para luego abrir sus corazones en búsqueda de la santidad. En la práctica esto se traduce a una fiesta de por lo menos cinco días (aunque la mayoría de los cariocas en edad casadera lo extiende a 2-3 fines de semana previos al carnaval) en que se bebe, se besa, y se baila muchísimo.

En Río existen dos carnavales: el que se celebra en la calle (Carnaval de Rua) y el desfile de Sapucaí (a.k.a. "Sambódromo"). El primero es para los locales, el segundo para los turistas (aunque claramente siempre hay turistas que van a las calles, y vice-versa). Ambos constituyen experiencias completamente opuestas. En Sapucaí uno es un simple expectador, mientras que en la calle uno es el protagonista. Yo tuve la oportunidad de ir a los dos, y la verdad es que, si tuviera que elegir, iría por la opción más turística.

El desfile es un show de 6 horas aproximadamente (eso sin contar que uno debe llegar por lo menos 1h antes para reservar el asiento), en el que debes mentalizarte para permanecer sentado (lo más recomendable es llevarse un buen cojín, pues las galerías son sólo gradas de concreto, sin asiento como tal), aplaudir a las escuelas de samba en la medida que van ingresando, aprenderte el coro de cada escuela (que se repite una y otra vez durante su presentación). Cada escuela de samba escoge una temática y la va desarrollando a través de los diferentes carros alegóricos. Realmente los cariocas tienen una creatividad increíble, y todo lo que presentan es muy bonito. Aquí comparto algunas fotos del desfile 2015:



Portela
Tema: Río 450 años




Beija-Flor de Nilópolis
Tema: Homenaje a Guinea Ecuatorial





União da Ilha
Tema: Belleza Pura




Pero todo ese glamour de Sapucaí se desvanece completamente en el Carnaval de la Calle. En la calle es donde celebra el pueblo, donde se desinhibe de todo tipo de represiones, donde se festeja como si no existiera el mañana, donde todos son de todos, donde no existe segregación social y donde cada uno puede ser quien quiera ser, sin que nadie te juzgue. La gente sale disfrazada tratando de mostrar su buena figura y su gran creatividad. Por ejemplo, el otro día vi a un chico con varios CDs colgando y realmente no entendí su disfraz hasta que vi que llevaba un parche en el ojo y fue entonces que se me encendió la lamparita: "¡ahh! ¡es un disco pirata!".

En cuanto a mi propia experiencia, fue más o menos así:

Corría el año 2014, hacía pocos meses desde que yo había llegado a Brasil. Mis amigas brasileñas estuvieron planificando el disfraz durante varias semanas antes del carnaval. Finalmente, decidieron que irían vestidas de novias (así es, ¡de blanco y con velo!), lo cual yo no sabía que era una forma de decir que andaban buscando marido, pero bueno, tuve que atenerme a la elección del grupo. Se pide una cuota y se mandan a hacer tenidas idénticas. Una vez en la calle, comienzas a caminar entre la multitud (no quería entrar en detalles desagradables, pero hay que decirlo: Carnaval es en verano, época en la cual en Río hace un calor de 35°C para arriba, llegando a 45°C fácilmente. Es decir, mientras te abres paso en la marea de gente, te vas rozando con el sudor de medio mundo...¡guácala!), intentas esquivar a personas ebrias, de repente ves que de la nada un completo desconocido agarra a una de tus amigas y le planta el medio beso en la boca, y ella--en vez de defenderse--se muere de la risa y sigue andando como si nada.

Como mujer y feminista quedé completamente espantada. Me sentía como un pedazo de carne rodeada de gatos hambrientos que, con ojos lujuriosos, aprovecharían cualquier descuido para darme una mordida. Traté de tomármelo con humor, y reírme de cada vez que un hombre se arrodillaba frente a mí para pedirme matrimonio. Pero también me costaba hacer caso omiso de las miradas lascivas indeseadas. Igual vale la pena mencionar que no todos los hombres son tan lanzados, hay varios que son sumamente simpáticos y respetuosos, y que jamás harían nada sin pedirte permiso antes. Así como cabe aclarar que no todos los brasileños son como los galanes de TV Globo (la que produce telenovelas como "Avenida Brasil"). En el Carnaval de Rua hay gente de todas las clases, tamaños, edades, y razas--realmente hay para todos los gustos, pero hay que dejar en claro que no hay sólo gente joven y bonita (esto lo digo para las mujeres que tengan la fantasía de encontrarse un morenazo con cuerpo perfecto durante las festividades. Si excepcionalmente llegaras a encontrar un hombre de tales características, fíjate bien, porque existe la posibilidad de que ni siquiera le gusten las mujeres). Mi experiencia en el Carnaval de Rua se resume básicamente a un día de mi vida, porque después de eso nunca más quise repetirme el plato.

(De todas maneras, recalco que esta es mi visión personal, por lo que cada persona es libre de vivir su propia experiencia y formarse su propia opinión. Por otra parte, me pregunto cómo será la visión desde el punto de vista masculino sobre este mismo evento)


Una vez escuché decir a una brasileña radicada en Chile que lo más parecido al carnaval de Brasil son nuestras Fiestas Patrias. Y ahora que lo pienso, le encuentro toda la razón, pero sólo en cuanto al espíritu de jolgorio que se vive. El carnaval de Río no es para la familia, es para las personas solteras que buscan divertirse bebiendo, bailando y besándose con extraños. De hecho, ya he oído hablar de parejas que se separan antes del Carnaval y vuelven a estar juntos cuando se reponen de la resaca. La mayoría de los cariocas ajenos a esta condición aprovechan el fin de semana largo para viajar, para hacer un asado con los amigos, o bien para confinarse en silencio. En cuanto a mí, este 2016 pasaré el Carnaval junto a mi familia carioca (la familia de mi novio), yendo regularmente al gimnasio, leyendo y descansando. Porque si una cosa es cierta, el año no comienza en Río sino hasta después del Carnaval.

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Les dejo con el "hit" del Carnaval 2016:



(Yo sé que la canción es terrible, pero créanme: con el tiempo uno se acostumbra y al final se termina pegando. "Tra! Tra! Tra!" Jajaja :P)



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